Cómo pensé el FEPP?

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Quise formar un grupo de laicos que desde la opción de vida seglar viviera su compromiso de fe cristiana en la transformación del mundo. Un grupo de laicos con profunda inspiración cristiana. Un grupo de laicos que con su acción fuera un poco de sal y luz para el mundo, inspiración que puedo resumirla en tres virtudes principales:

  • Fe en Dios y en los hermanos pobres de nuestro Ecuador.
  • Esperanza en la posibilidad de ir mejorando integralmente al hombre, para que el Reino de Dios siga presente entre nosotros y llegue un día, con la gracia del Padre, a su plenitud.
  • Caridad, hecha práctica en el servicio a los más pobres.

Han pasado muchos años y otros principios importantes han venido a complementar nuestra vida institucional: no violencia, transparencia, equidad, gratitudad.

Desde entonces se han profundizado y perfeccionado métodos y medios de trabajo, pero la inspiración cristiana es y debe seguir siendo el espíritu que guíe y anime las demás opciones.

Entrego con sencillez un FEPP más grande, no con triunfalismo, sino con el deseo sincero de un FEPP mejor y más comprometido con los grupos campesinos: indígenas, afroecuatorianos, montubios, cholos, mestizos de nuestro Ecuador.

Cuento con todos ustedes, compañeros y compañeras de la Institución, para que la vida auténtica llene sus días, para que sigamos construyendo el FEPP mejor que todos queremos, para que el pequeño grano de mostaza, que se sembró en 1970 sea un árbol frondoso, para que nuestros frutos sean buenos y podamos presentarlos con la humildad del que dice: “siervos inútiles somos, sólo hemos hecho lo que debíamos hacer”.

Ayúdennos también ustedes, amigos todos que nos han acompañado y ayudado y hoy siguen con nosotros. No queremos ser una rama aislada que termine por secarse y muera. Queremos seguir unidos a las organizaciones campesinas, a las instituciones fraternas, al cuerpo de la Iglesia, cuya cabeza es Jesús Cristo.

Un último legado que se torna en característica de la persona del FEPP, la nota específica de su obra redentora: “¡No se olviden de perdonar y perdonar siempre!”.