José Tonello “Educación y Desarrollo para la Paz entre los Pueblos”

El FEPP: nombre y misión

El pasado 26 marzo se han cumplido los 50 años de la encíclica Populorum Progressio.

Mons. Cándido Rada (+1995) decía que el Reino de Dios no solo hay que celebrarlo y proclamarlo, sino que también hay que construirlo aquí y ahora y que la Doctrina Social de la Iglesia no basta estudiarla y conocerla: hay que ponerla en práctica también.

Por eso en 1970, tres años después de la promulgación de la encíclica Populorum Progressio de Paulo VI, ayudado por un grupo de laicos y laicas cristianamente empeñados, constituyó el Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio – el FEPP como se dice en Ecuador – poniendo como capital inicial 2000 dólares que los Salesianos le donaron. El Papa en la Encíclica pide la constitución de un grande fondo mundial para el desarrollo de los pueblos, reduciendo los gastos militares. Cuando supo de la existencia del FEPP, Paulo VI en persona contribuyó con 8000 dólares.

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Encuentro de personal joven, Cuenca Ecuador 2015

Hoy el FEPP es el Grupo Social FEPP. Se podría definirlo como una holding del desarrollo y de la solidaridad. Somos casi 600 personas y trabajamos en todo el Ecuador con más de 140.000 familias emarginadas.

Nuestro pequeño fondo inicial ahora es un banco, que se llama banCODESARROLLO, banco “Desarrollo de los Pueblos”, o sea “Populorum Progressio”. Es una alternativa a la usura y a la explotación de los pobres.

En 47 años de vida y de servicio el fondo antes y luego el banco han puesto a disposición de los pobres organizados en cooperativas, asociaciones, redes y consorcios alrededor de 900 millones de dólares, que se han vuelto tierra, casas, semillas, cultivos, animales, herramientas, talleres, pequeñas fábricas, bosques y frutales, canales para la irrigación, financiamiento del comercio justo, etc. Todas estas realidades son medibles y cuantificables.

En la vida de las personas esto significa trabajo, alimentación suficiente, salud, estudios de los hijos, esperanzas de cambio, organización social, fortalecimiento de la familia, equidad, camino hacia una mayor dignidad y libertad.  Estos resultados no siempre son cuantificables, pero son fundamentales en el proceso de cambio de nuestra sociedad.

Para alcanzar estos resultados hemos recibido mucha ayuda técnica y financiera de los actores tradicionales de la cooperación internacional y hemos sido capaces de involucrar a nuevos actores, que han comprendido la necesidad de la solidaridad.  Ahora sin embargo nos resulta cada vez más difícil captar de la cooperación internacional los recursos que se nos donaban hace 20 ó 30 años.

Trabajando con los campesinos hemos aprendido que “vence la pobreza quien produce más de lo que consuma”. Por esto hemos ayudado a las familias a mejorar la productividad sin hacer que se endeuden más. Una vaca que hacía 5 litros de leche por día, ahora llega a hacer 15. Una oveja que producía dos kilos de lana por año, ahora produce seis.  Más papas, maíz, arroz, frejol por hectárea. Más frutos por planta.  El surplus que se produce sirve para hacer crecer en los pobres el espíritu del ahorro. Así su futuro será menos incierto. Quien no ahorra, poco o mucho que sea, nunca alcanzará a vencer la pobreza. DSC02454

Es la gente, con su trabajo, que resuelve los problemas de la pobreza. Nosotros somos solo colaboradores. En un país tan rico de recursos como el Ecuador la pobreza de la mayoría de la población es causada por la cultura (lo que hay en la cabeza de los ricos y de los pobres) y por la estructura política y socio-económica que determina el funcionamiento de la sociedad.

Hemos aprendido también que “sin dinero no se hace desarrollo, pero solo con el dinero no se hace un desarrollo justo y sustentable”. Aquí la pregunta es: ¿A qué es más urgente destinar hoy los escasos recursos de la cooperación internacional?

Ya que el crédito era la llave que abría las puertas de las comunidades y vencía la desconfianza de la gente, había que ir más allá de los simples beneficios económicos. El crédito, entonces, ha sido precedido y acompañado por la presencia de nuestros técnicos, educadores y promotores en el territorio, por capacitación, formación humana y profesional, constitución de organizaciones populares, creación de estructuras para la comercialización comunitaria, protección de la naturaleza, etc… Una búsqueda constante por mejorar la vida. Cada intervención para el desarrollo de los pueblos debe tener una dimensión educativa y organizativa.

Aún antes del desarrollo de las estructuras comunitarias, hemos visto la necesidad y la urgencia del crecimiento de las personas y las familias con respecto a las virtudes y a los valores, al conocimiento y a las capacidades operativas, a las relaciones con los demás, a la superación de muchas formas de miedo y desconfianza, al culto de la calidad, a la innovación. Nuestro eslogan, tomando un concepto expresado por Paulo VI en la Encíclica “Ecclesiam Suam” es: “Invertimos en humanidad”. Si las personas crecen en forma integral, toda la sociedad cambiará y entonces un país rico en recursos, pero lleno de pobres como el Ecuador, se volverá un país más justo y más pacífico. La Iglesia, experta en humanidad, ofrece al mundo una visión global del hombre y de la humanidad (P.P. 13).

La Populorum Progressio nos enseña que “el verdadero desarrollo es el paso de cada persona, de toda persona y de todas las personas de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas” (P.P. 20).

PUERTO EL CARMEN PUTUMAYO 2010

PUERTO EL CARMEN PUTUMAYO 2010

Las condiciones de vida menos humanas son las de quienes están privados del mínimo vital, pero también las de quienes están mutilados por el egoísmo. (P.P. 21). Nosotros hemos trabajado a favor de aquellos que eran tan pobres que no lograban ni siquiera defender la vida de sus propios hijos, o hacerlos estudiar, o tener una casita que les protegiera de las intemperies.  Hoy, lastimosamente, todavía hay situaciones como estas en el Ecuador. Siempre hay una relación entre el egoísmo de algunos y la pobreza de muchos, adentro de cada país y también en las relaciones entre los Estados.

Las condiciones de vida más humanas las alcanzamos cuando reconocemos los valores supremos y Dios que es la fuente y el fin de todo.  Esto nos lleva a la fe y a la unidad en la caridad, alrededor del mismo Padre, que nos hace a todos hermanos. Nosotros, como miembros de un ente de inspiración cristiana, esperamos que nuestro trabajo sea un pequeño signo de la bondad del Señor.

Estos conceptos nos han empujado a construir un GSFEPP presente en los territorios con promotores, educadores y técnicos (55 áreas de intervención por parte de las oficinas regionales), articulado en empresas sociales para el comercio justo y solidario (CAMARI), para el abastecimiento de semillas, herramientas y materiales varios (AGROIMPORTADORA), para las construcciones civiles e hidráulicas (acueductos e irrigación), (NOVOHABIT) para la legalización de las tierras, para la informática, para las áreas gráficas (IMPREFEPP), para la sostenibilidad ambiental: todo esto animado por una gran escuela de formación espiritual y técnica  (FUNDER) que cada año ayuda a crecer a 20.000 jóvenes y a menudo financiado por banCODESARROLLO.

Hemos trabajado mucho para vencer la pobreza material, aquella que se ve y llama más la atención.  Es la pobreza más fácil de vencer, porqué para hacerlo solo hace falta tener dinero. Pero pronto descubrimos que la gente sufre también por otras formas de pobreza, a veces más dolorosas e injustas: la pobreza espiritual, la pobreza moral, la pobreza cultural, la pobreza afectiva. Solo el crecimiento de las personas vence estas pobrezas menos visibles y entonces el imperativo vuelve a ser: “invertimos en humanidad”. Por esto el camino hacía el verdadero desarrollo no termina nunca, ni en Ecuador, ni en los países más desarrollados.

Los pobres con los cuales trabajamos nos han enseñado que el objetivo final del desarrollo es “quererse más, ser felices y vivir en paz”. Tan simple y tan grande, tan bello y tan difícil. Nosotros sabemos que se lo puede alcanzar trabajando con inteligencia, sudor, amor y honradez, o sea donando a los demás lo mejor de nosotros.

Constatamos que después de 50 años las razones por las cuales Paulo VI escribió la Populorum Progressio no han cambiado o tal vez se han complicado:

–       se gasta más para las armas y la defensa que para el desarrollo;

–       el comercio mundial castiga a los productores de productos agrícolas y materias primas;

–       la emigración encuentra poca acogida en los países ricos;

–       el voluntariado internacional se debilita;

–       la tecnología, la tecnocracia y la finanza orientan los destinos del mundo más que la filosofía, la ética y la política;

–       en el mundo sigue habiendo demasiada hambre, injusticia y violencia.

Por esto debemos continuar a trabajar con el espíritu de la Populorum Progressio, porqué “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.

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José Tonello Encuentro internacional de Estudio “Educación y Desarrollo para la Paz entre los Pueblos” en el 50º aniversario de la Encíclica Populorum Progressio. Brescia, 24 marzo 2017.

 

 

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