La solidaridad y la confianza: un día con las víctimas del terremoto

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José y Teresa de Tonello

Hemos estado en las provincias de Manabí y Esmeraldas visitando las zonas rurales en las cuales el terremoto del 16 de abril se ha hecho sentir con mucha fuerza.

He aprendido que frente a tantos daños a las casas, a las obras comunales  hay que guardar silencio, escuchar, abrazar, compartir y comprometerse.  He aprendido que la gente no pide ayuda, porque sus necesidades se constatan a simple vista.  He sentido que no podemos quedar indiferentes cuando los ojos y el corazón se llenan del dolor ajeno, acompañado siempre por la dignidad, la confianza recíproca, la solidaridad, la esperanza y la gana de luchar porque la vida continúa.

Lo que he visto y oído es una guía para los compromisos del GSFEPP.  Después del primer momento de la ayuda humanitaria, hay que pensar en soluciones más estructurales.

Queremos intervenir en las comunidades rurales de las provincias de Manabí y Esmeraldas para rehabilitar los sistemas de agua potable que están fuera de uso a causa del terremoto. El movimiento de la tierra y los derrumbes han dañado las tuberías, los tanques de reserva, los desarenadores, los rompepresión y las mismas tomas en las vertientes.  Cada comunidad tiene un problema específico.

Para que la vida vuelva a la normalidad hay muchos temas todavía que enfrentar: las habitaciones familiares, el funcionamiento de la economía principalmente la recuperación del mercado.

He conversado con mis compañeros y compañeras del GSFEPP de Portoviejo y Esmeraldas.  Hablamos de la vida, de la muerte (dos compañeras han perdido familiares), del bien, de los bienes, de Dios.  No hablamos de daños, de números, de proyectos y de recursos.  He sentido que las personas tienen la necesidad de reencontrarse consigo mismas, con su fragilidad, con sus afectos y sus esperanzas; que la fortaleza requerida para un largo, difícil y costoso proceso de reconstrucción debe fundamentarse en valores profundos.

Me ha enriquecido una vez más encontrar la belleza, bondad, confianza y solidaridad de tantas personas que, sin hablar mucho ni quejarse, están comprometidas con la vida que sigue.  Personas que el terremoto ha hecho más pobres de cosas materiales, pero que compensan la pérdida de bienes con la riqueza interior que viene de su cultura campesina, sostenida por la fe y de su voluntad de salir adelante.  Nosotros seguiremos acompañándolas porque somos receptores de la solidaridad de personas e instituciones, del Ecuador y del exterior, que comparten algo de lo que tienen, a cambio de una sonrisa con la esperanza de un mundo más fraterno.

Escrito por: José Tonello.

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